Los manteros rechazaron una propuesta oficial para reubicarlos y pagarles dos meses de capacitación en ventas; de no alcanzarse un acuerdo rápidamente, sería el piquete más largo de la historia; la Ciudad no usará la fuerza.

 El desalojo de los vendedores ambulantes de Once generó un escenario que no había aparecido en los operativos similares realizados previamente en Florida, Retiro, Caballito y la avenida Avellaneda para despejar el espacio público de la venta ilegal. Los desplazados permanecen cortando la avenida Pueyrredón desde anteayer a las 8, en lo que podría convertirse en el piquete más largo de la historia porteña. Y todo indica que se irá disolviendo a medida que el desgaste comience a ganar la voluntad de los manifestantes, mientras continúan las negociaciones para lograr un acuerdo.

Así lo prevé el gobierno de la ciudad, dispuesto a pagar el costo político de mantener un conflicto en la vía pública con el objetivo de terminar con las irregularidades que se suceden en cercanías de la plaza Miserere, entre mafias que controlan los puestos, mercadería de dudosa procedencia, explotación laboral, coimas y competencia comercial desleal.

Anoche, el conflicto continuaba trabado, luego de que los manteros rechazaron otra propuesta que les acercó Ciudad, en la segunda reunión del día que terminó apenas pasadas las 20. En el primer encuentro, durante la mañana, tampoco hubo acuerdo y por eso el corte continuó su curso.

En la nueva oferta oficial participó la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), que ofreció entregar subsidios a los manteros para que afronten un proceso de capacitación laboral durante 60 días. En tanto, el gobierno facilitaría espacios en dos predios cercanos a la estación Once donde podrían instalarse los vendedores empadronados en un censo.

22/01/2017