Parareforzar los controles de alcoholemia durante las fiestas, el gobierno porteño, pondrá puestos rotativos en distintas zonas de la ciudad.

Durante el año, los días hábiles se montan 18 de estos puestos y los fines de semana y feriados, 25. Pero durante Navidad y Año Nuevo se agregarán 14 más en puntos sorpresivos.

Los 365 días del año se realizan controles de alcoholemia, pero se refuerzan en época de fiestas.   Es necesario entender y transmitir que el alcohol y el volante nunca son compatibles”, explica Juan José Méndez, el secretario de Transporte porteño.

En lo que va de este año se realizaron 182.842 controles de alcoholemia, 2.655 de los cuales -un 1,4%- dieron positivos. Se calcula que cada dos horas, un conductor no pasa el test. En 2017 hubo 160.403 controles, de los que el 1,6% dieron positivo.

El dosaje promedio de alcohol de los conductores que dan positivo es de 0,87 gramo por litro de sangre, cuando el máximo permitido para conductores particulares es de 0,50 gramo. Mientras, el límite para motociclistas es de 0,2 y para conductores profesionales, la tolerancia es cero.

Este año, además, se hicieron 2.045 controles a conductores para detectar si habían consumido estupefacientes. Hubo 220 casos positivos: 105 de cocaína, 65 de marihuana y 37 de drogas combinadas.

Si se detecta a un conductor con un dosaje de alcohol superior al permitido, se le retiene la licencia y se le otorga una provisoria con una validez 40 días corridos. Mientras, su vehículo es remitido a una playa de acarreo, porque no está permitido que le ceda el volante a un acompañante. Además, le informan al contraventor que se presente en la Fiscalía de la Ciudad dentro de los cinco días hábiles de labrada el acta contravencional.

El conductor que se niega a someterse a un control de alcoholemia o estupefacientes es sancionado con una multa de 300 Unidades Fijas, lo que equivale a $ 5.355. Si se trata de un chofer de transporte público, la sanción se duplica.

Se está viendo para el año que viene, bajar el grado de alcoholemia a un nivel cero, y poner penas más duras para sancionar a los que incurren en estos delitos.

Igualmente, se espera, que cada conductor, entienda acerca de este tema y que tomemos conciencia, que conducir bajo los efectos del alcohol o narcóticos, es un arma al volante, que puede ocacionar accidentes y daños irreparables para el otro hasta el punto de quitarle la vida.