Llegó a Buenos Aires junto con la migración boliviana, primero se realizó en ámbitos privados y hoy se despliega en varios espacios públicos de la Ciudad.

La Fiesta de la Alasita es una de las celebraciones más tradicionales de Bolivia . En laCiudad se realiza hace más de 20 años. La característica principal de esta festividad es la venta en miniaturas de autos, casas, títulos universitarios y hasta bolsones diminutos que contienen productos alimenticios. El intercambio tiene un único objetivo: que los productos comprados en miniatura se puedan adquirir durante el año, pero en su versión original.

«Siempre vengo y le rezo al Ekeko, que es el dios de la abundancia y la fecundidad. Pero esto no se trata de magia: también está el esfuerzo de uno, sin eso es imposible», dice Josué Quispe. El hombre tiene, junto a él, un toro en miniatura adornado con billetes de 100 dólares, herraduras de caballo y unos cuantos rollitos de tela. «El torito simboliza la fuerza del trabajo y el dinero, prosperidad», cuenta Josué, quién además justifica los retazos de tela sobre el animal porque tiene una fábrica textil en Flores.

La festividad se realiza cada 24 de enero, desde hace dos décadas. Pero a partir de 2011 se incluyó dentro del programa ‘Buenos Aires Celebra’, que depende de la Subsecretaría de Derechos Humanos y Pluralismo Cultural de la Ciudad. «El programa tiene un enfoque claro: la intraculturalidad. Es importante trabajar con todas las culturas que viven en la Ciudad. Como porteños debemos darle espacio a esa diversidad de identidades que se genera en el lugar que habitamos», explica la subsecretaría Pamela Milewicz. La funcionaria también aclaró que en la Ciudad existen en total 50 colectividades de distintos lugares del mundo.

En el lugar los espacios están divididos en tres: venta de miniaturas, gastronomía y el sector de la bendición, o cha’lla, cómo se denomina a ésta práctica. Los encargados de challar son los yatiris -sabio y líder espiritual aimara-. El challado tiene un costo: «Lo que dicte el corazón», explica Santiago, el yatiri más solicitado. La mayoría de la personas colabora con $150. Una vez realizada la bendición -con agua bendita, papel picado y sahumerios- también existe la posibilidad de llevarse una fotografía que inmortaliza ese momento. «Es para aumentar las chances de que se cumpla», explica Guadalupe Soria, fotógrafa y encargada de la carpa de Santiago. En la Fiesta de la Alasita existe una regla determinante: cuanto mayor es el gasto mayor es lo que se anhela. Además está prohibido «regatear».

En almara, alasita significa «cómprame». Pero desde la colectividad boliviana se encargan de quitarle el peso comercial que intentan, según ellos, instalar en la celebración desde algunos sectores. «No se trata solo de vender y comprar, ni tampoco somos brujos. Esta fiesta forma parte de nuestras prácticas culturales y sagradas de los pueblos originarios», explica Cosme Vargas, uno de los encargados de la organización.

Según datos de la Embajada de Bolivia, en nuestro país están radicados dos millones de personas oriundas del país vecino. «De esa cifra, más de un millón está asentando entre la ciudad y la provincia de Buenos Aires», explica Malewicz y agrega: «Para la fiesta de Alasita se esperan más de 5000 personas».

En los festejos de Alasita los únicos autorizados para vender productos gastronómicos son los que cuentan con el permiso del gobierno. Los que no tienen papeles son separados por los inspectores de la Dirección General de Espacios Públicos, quienes se encargan de recordar que la venta ambulante está prohibida, aunque en las mayorías de los casos, sin mucho éxito.