El Grupo Catalinas Sur, de La Boca, cumplió 35 años. Ya es un hecho artístico en una participativa fiesta vecinal.

Nació hace 35 años en una plaza de barrio en la Boca.  Adhemar Bianchi, es  director y fundador del grupo, es Uruguayo y siente un profundo amor por lo que hace.

Una de las consignas que los movilizó, fue siempre “recuperar el espacio público”. Malvinas le había dado un golpe a la dictadura cívico militar, pero el estado de sitio se mantenía. Apropiarse de la plaza del barrio para hacer arte era en sí un hecho transformador. Incluso, fueron denunciados por ruidos molestos y actividades extrañas. Ya eran habitué de la comisaría 24: dar explicaciones sobre quiénes eran y qué hacían se había convertido en un trámite cotidiano. Para Adhemar, en esto está el germen de lo que son: “Había una necesidad de recuperar el espacio público como un lugar para estar juntos, sanar los miedos que había dejado la represión… la gente, todos, teníamos la necesidad de participar”.

Al calor de la parrilla y el choripán,  así fueron los primeros encuentros que aglutinaban a gente de todas las edades. Así nacieron las “Fiestas teatrales” con el lema de que todos los vecinos podían ser parte. Y eso se sostiene como ADN del grupo.

“Lo fundamental es que los nenes aprenden a construir juntos y a soñar un mundo distinto. No construimos actores ni estrellas, simplemente plantamos la semilla de la creatividad en los pibes, el valor de que la obra no es la misma si no están todos. Y vemos el cambio que logran algunos, que cuando entran no pueden ni hablar ni relacionarse con los otros, o por el contrario, otros que vienen con mucha energía pero no pueden manejarla. Acá aprenden a canalizarla en el juego que es el teatro… a jugar a que son otros… a construir en forma colectiva”.

El grupo fue creciendo con el trascurso de los años. Teatro, música, títeres, circo. Pero en 1990 hubo un punto de inflexión ineludible en la historia del Catalinas: la obra Venimos de muy lejos. La inmigración:  una narrativa colectiva para recrear la identidad de una sociedad nacida de los desembarcos.

Desde su formación, el Grupo de Teatro Catalinas Sur recibió 16 premios y reconocimientos. Entre ellos, el María Guerrero y el Konex.

La obra viajó a Chile en 1993 y fue invitada en dos oportunidades por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo a presentarse en el marco del Día Mundial de la Población, además de temporadas en salas de la ciudad.

“Cuando tenía 20 años vi Venimos de muy lejos y dije: Éste es el teatro que quiero hacer”, dice Nora. Se acuerda de ese momento como si estuviera viendo una fotografía. Ya pasaron más de dos décadas desde entonces y pensar en alejarse del Catalinas es algo imposible para ella: “Acá me enamoré, tuve dos hijos… mi marido falleció y este grupo fue mi sostén, mi vida. El teatro comunitario se elige como una forma de vida, es como la familia, con lo bueno y lo malo”.

En 2012, después de haber integrado los elencos de La Catalina del RiachueloVenimos de muy lejos, El fulgor argentino (otra de las obras emblema del Catalinas) y Lorca en las trincheras de Madrid (una adaptación del Retablillo de don Cristóbal, con canciones de la Guerra Civil Española), y de acompañar en la creación de las obras para adultos, a Nora le llegó uno de los desafíos más importantes que le propuso Catalinas: hacerse cargo, crear, darle forma a la compañía para niños. Desde los 14 años estuvo ligada al teatro, estudió, pasó por diferentes etapas y procesos de formación, pero ella siente que Adhemar Bianchi fue uno de los que le cambió la vida.

“Siempre fue súper generoso, me enseñó haciendo, al igual que Ricardo Talento, director del Circuito Cultural Barracas. Ellos son mis dos grandes maestros”, no se olvida Nora.

Hasta la creación de este espacio, los niños siempre habían sido parte del Catalinas, aunque se integraban más a las obras de los adultos. Pero como todo fue creciendo tanto, surgió la necesidad de hacer un espectáculo propio de los chicos: “Teníamos un taller de teatro para ellos, pero el taller solo no nos gustaba, lo lindo es que con la producción se demuestra todo el proceso de trabajo que lleva una obra: los valores sobre todo

En 1997, el Grupo sintió que era momento de tener un nuevo desafío y a la vez una casa propia con capacidad suficiente para contener el crecimiento del espacio comunitario. La plaza ya no era funcional y habían construido la autopista Buenos Aires-La Plata muy pegada a donde actuaban.

El Galpón de Catalinas, en Benito Pérez Galdós 93, apareció para recibirlos. La leyenda del Grupo dice que el propio Adhemar se paraba frente a ese lugar, lo señalaba y le decía a quien quisiera escucharlo: “Este va a ser nuestro teatro”. Y así fue. Hoy, la fachada es inconfundible: un mural creado por el artista plástico Omar Gasparini (también miembro de Catalinas) y realizado por múltiples manos (como todo en el grupo) reconstruye La Boca de los conventillos. Sobre la puerta, otra instalación, de las artistas Andrea Agüero, Valeria Vizioli y Andrea Bustamante, homenajea a figuras populares: Tita Merello, Chaplin, Gardel, Olmedo, Tato Bores, entre otras celebridades de acá y de allá que le dan un aura de protección a esta “plaza techada”, como la llaman en su página oficial.

“Nos hicieron creer que el arte era para algunos elegidos que nacían con el don de actuar o cantar. Nosotros decimos que lo que hacemos tiene que ser bello, para que se transmita el mensaje de que todos podemos hacer arte… Entonces, no hacemos arte pobre para pobres. Tratamos de trabajar la calidad de lo que hacemos y de demostrar que todos podemos”, resume Nora. Su definición es contundente y basta ver a los chicos que dirige en escena para darle la razón. Detrás de cada uno se ve el trabajo no sólo actoral, sino (y sobre todo) el humano.