Termina un 2017 agitado para el debate político ligado al cine y marcado por el despido, a mediados de abril, del productor Alejandro Cacetta como presidente del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa) y su reemplazo por quien era su vicepresidente, Ralph Haiek, un hombre formado en el mundo de la TV paga con llegada directa a la Casa Rosada.

Con el recambio, el Gobierno anunció, en palabras de Haiek, que quiere transformar el Incaa en un organismo «moderno, ágil y transparente», llevó a la Oficina Anticorrupción reclamos por irregularidades que atribuyó a resabios de la gestión kirchnerista, garantizó reiteradamente los fondos del plan de fomento fijados por la ley de cine para la producción local y buscó abrir puentes y consensos con el sector audiovisual a partir de la designación del abogado y crítico Fernando Juan Lima como vicepresidente.

Varias entidades del sector, sin embargo, desconfiaron de la palabra oficial y encararon varias movilizaciones que prometen repetir en 2018. El año que se cierra dejó también un cambio de mando en el Festival de Mar del Plata (que tuvo por primera vez un director artístico extranjero, el norteamericano Peter Scarlet) y la muy bien recibida reapertura del Museo del Cine.