En una esquina de San Telmo donde el tango, la historia y el turismo pesan más que la pelota, hace casi una década «El secreto de sus ojos», la película nacional ganadora del Oscar, inmortalizó la pasión futbolera de los argentinos con una escena para la posteridad. La secuencia se rodó en el bar que hasta hace pocas semanas ocupaba la intersección de Paseo Colón y pasaje San Lorenzo. Pero a pesar de la notoriedad que le obsequió el paso de Ricardo Darín, Guillermo Francella y el director Juan José Campanella por sus interiores, no pudo sortear la crisis y bajó la persiana tras 37 años de existencia. 

Pero con el correr de los años y de las modas, esa costumbre se fue alternando con otros modos de reunión y fue mutando a otros puntos de encuentro, dos factores que sumados derivaron en el cierre de más de un bar con historia. El «Only VI», que tras el paso de Campanella y su equipo pasó a llamarse «El secreto» no pudo surfear esa ola de nuevas tendencias que se imponen en el mapa de bares, y dejó un espacio vacío en pleno Bajo de la Ciudad.

El rubro está atravesando un momento difícil, comenta su dueño. Sus dichos son confirmados por la Cámara de Bares y Cafés, desde donde afirman que el cierre de los bares se está dando por una crisis del comercio en todos los sectores de las pequeñas empresas.

«Lo que hay es una baja del consumo que afecta a aquellos locales que están en situación terminal por la zona o por los conceptos gastronómicos. En el caso de ese bar en particular, por la ubicación geográfica, porque fue mutando la zona y también el concepto de bar como punto de reunión que estaba instalado en la década del 70, donde se sitúa la película. Ahora lo que se está dando es esa misma idea de juntarse, algo muy de los porteños, pero en una cervecería. Ese es el nuevo punto de encuentro», detalla Daniel Prieto, presidente de la Cámara.

Declarado sitio de interés cultural por la Legislatura de la Ciudad en 2014, «El secreto» no es el único clásico que cerró en los últimos años. A principios de 2017, el reducto donde Tanguito y Lito Nebbia compusieron «La Balsa», frente a la plaza de Once, se convirtió en una pizzería de esas que son cadena. El bar «La Perla», cuna del rock como ellos mismos se denominaban, dejó de existir como tal.

En un rincón más aristocrático de la Ciudad, el restaurante Hermann no corrió con mejor suerte. En octubre del año pasado terminó rematando todos sus bienes, desde la vajilla de porcelana hasta los menús de cuero con páginas foliadas, para terminar de indemnizar a los empleados que quedaban en la calle. Estuvo en Santa Fe y Armenia, frente al Jardín Botánico, desde la década del 40, pero ahora tiene altas chances de convertirse en un edificio.

Los ejemplos siguen, y el bar que pasó a llamarse El Secretohoy está prácticamente vacío: las mesas que combinan madera con fórmica fueron retiradas, los servilleteros clásicos tampoco están y la barra ya no tiene el brillo de otros tiempos. En 2014, tras la gran repercusión que tuvo la película, la Legislatura porteña, por una iniciativa del entonces diputado Roberto Quattromano del PRO, declaró al bar «sitio de interés cultural”.  A cuatro años de aquella declaración, una reja tapa las letras doradas que sobre el vidrio rezan «Bar El Secreto», «tostados», «cafetería».