«Acá, los que más trabajamos somos nosotros», le decía un chico de 14 años a su hermano, en un pequeño quiosco enclavado en una esquina de La Boca , donde se vendían productos averiados, a precios muy convenientes. Ese joven era Guillermo Barzi, bisnieto del fundador del «imperio» del que dependía ese local, José Canale.

Barzi, que hoy es el presidente de la Bodega Humberto Canale y que durante mucho tiempo fue accionista de Canale, enseguida  va más allá de esa anécdota de juventud y se remonta hasta la llegada de José al país. «Vino en 1860 desde un pueblito cercano a Génova, Italia.

José se casó muy joven y en 1875 empezó con una panadería en Defensa y Cochabamba, junto a su mujer, Blanca Vaccaro (que había venido también de la misma región de Génova.  Con el correr de los años les fue bien, crecieron y, ya para fines de los 1800, el local se convirtió en una panadería de lujo. Pero el pionero murió muy joven, a los 40, y quedó a cargo la viuda.

Los hijos de José y Blanca eran cinco, de los cuales solo uno se metió de lleno en el negocio. Se llamaba Amadeo y quedaría en la historia por ser el creador de uno de los productos más emblemáticos de la mesa de los argentinos: el bizcocho Canale.

A caballo de ese éxito, siguen creciendo y hacia 1906 hacen la fábrica que después fue el edificio icónico de la empresa, en la Avenida Martín García 320, frente a Parque Lezama. Desde 1910 hasta 1994 el límite entre Barracas , La Boca y San Telmo estuvo unido por la fábrica de bizcochos y galletitas. «Era la época en que la Argentina progresaba. Entonces el desarrollo de toda la parte industrial de Canale crecía de la mano de Amadeo, creando el pan dulce genovés. Pronto, el portfolio de productos se empezó a ampliar y así fue cómo aparecieron galletitas de todo tipo, con la marca Viuda de Canale e Hijos SA Establecimientos Fabriles. De esa época han quedado las tradicionales latas, hoy muy buscadas por los coleccionistas.

A partir de la Segunda Guerra Mundial, Canale desarrolló nuevamente un fuerte proceso de expansión hacia otras categorías de productos, como fideos, galletitas, mermeladas, harinas y envases de lata. «Amadeo tiene cuatro hijos, uno de ellos es mi madre», precisa Barzi, como no queriendo que se pierda el hilo familiar en toda esta historia.

Toman las riendas los dos varones, Manuel y José (María Magdalena y Blanca eran las mujeres). Estuvieron toda una vida ahí adentro de la empresa. «Llegaban a las siete de la mañana y se iban a las ocho de la noche», remarca Barzi. José tuvo un hijo varón, que fue Rodolfo Canale, quien se convertiría en el último presidente de la compañía, hasta su venta en 1995. Pero para eso todavía faltan unos años. Este monstruo familiar llegó a tener una hojalatería en Llavallol que proveía de latas a gran parte del mercado argentino, varias fábricas de conserva en diferentes partes del país que vendían con la marca Canale (en Mendoza, Río Negro, Mar del Plata) y contratos de servicios en diferentes fábricas del país (por ejemplo, tomates en la Rioja). Lo que empezó con aquella panadería de José y Blanca ahora tenía 3500 empleados.

«Acá, los que más trabajamos somos nosotros», le decía un chico de 14 años a su hermano, en un pequeño quiosco enclavado en una esquina de La Boca , donde se vendían productos averiados, a precios muy convenientes. Ese joven era Guillermo Barzi, bisnieto del fundador del «imperio» del que dependía ese local, José Canale.

Barzi, que hoy es el presidente de la Bodega Humberto Canale y que durante mucho tiempo fue accionista de Canale, enseguida  va más allá de esa anécdota de juventud y se remonta hasta la llegada de José al país. «Vino en 1860 desde un pueblito cercano a Génova, Italia.